El
ser humano es egocéntrico, vanidoso y muy personalista, esto es porque
biológicamente queremos sobrevivir, es la parte reptil del cerebro, en otras
palabras lo irracional; nosotros tenemos hijos y los criamos para
que en el futuro nos cuiden, protejan, velen por nosotros, solo existe el YO.
Autora: Yeny Castro
Esto no es la
excepción en los políticos, porque ante todo son seres humanos, pero ahí se
agrega el ingrediente del poder que persiguen y otros que ya lo han palpado y
disfrutado, esto los hace sentir los poderosos, a quienes nadie va poder
detener ni siquiera la justicia.
A todas estas
características anteriormente mencionadas lo resumimos en el SÍNDROME DEL
SABELOTODO, un ser humano que cree tener toda la verdad en él, pero
carajo este hecho lo hago conocer porque lo he percibido muy de cerca, soy
comunicadora de profesión y ejerzo el periodismo, he vivido y vivo esa
realidad. Les voy a contar una de mis anécdotas en este caso, pero no voy a
mencionar su nombre real porque se podría sentir aludido.
Mediante un
familiar me contactaron para poder desarrollar marketing política para un
candidato, político conocido de esa zona, lo vamos a denominar “panchito”,
docente de profesión; elaboré un pequeño bosquejo donde plasmaba el
mensaje claro y corto que se va vender y cómo lo va identificar su campaña y al
producto principal a él.
El arquetipo que
se identificó es trabajo, que teníamos que utilizar en toda la campaña, pero
“panchito” quería que el mensaje fuera: un hijo del pueblo, luchador, profesor
de dicha institución; y su frase quería que fuera según él más
explícito: trabajo, solidaridad, honradez y la lucha contra la corrupción,
bueno no era la primera vez que trataba con políticos que primero no conocían
el tema de marketing político, le expliqué la teoría y práctica, como teníamos
que venderlo si quería ganar, porque esas ya eran frases comunes, largas y muy
tradicionalista, que cualquier candidato sin asesoramiento podría usar,
estuvimos conversando más de dos horas para que al final se aferrase a su idea.
Bueno le
expliqué que si el trabajo no tenía el impacto que queríamos no era
por mi responsabilidad sino la de su persona, “panchito” empecinado dijo: “que
si iba captar público”, bueno hice el trabajo técnico, basándome a lo que el
cliente quiere en este caso, “panchito”, le dije que con ese tipo de campaña no
va a ganar y afirmo que ese candidato NO va a ganar por su egocentrismo vanidad
y en conclusión por el síndrome del sabelotodo.
Esta es una
experiencia entre todas que he podido vivir dentro mi carrera, y quiero también
afirmar que no todos los políticos sufren del SÍNDROME DEL
SABELOTODO, que a final queda solo, triste y abandonado, pero que son la
gran mayoría dentro de nuestra sociedad peruana.

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